17
Ene
09

GREGARISMO,JERARQUÍA Y DOMINIO. (Etología)

Me ha parecido interesante este artículo:

por Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros, octubre – 2008


Hasta hace muy poco tiempo todos los que estudiábamos al perro como especie, teníamos claros estos conceptos de los que todos los autores hablan en sus trabajos. Así, definíamos al perro como animal perteneciente a especie gregaria, jerarquizada y en la que existían individuos dominantes y subordinados. Además, siempre la hemos considerado como especie que forma grupos estables y duraderos muy semejantes a los que adopta la especie progenitora.

Con su domesticación, nuestro amigo vive en manadas mixtas inter específicas o simplemente en una pequeñísima manada formada por su dueño y él; cada uno de su especie.

En estos últimos años, surge una corriente, entre algunos profesionales del mundo canino, en la que se especula con la no-existencia de la jerarquía en el perro actual y en unos métodos de trabajo en los que estos conceptos de jerarquía y dominancia no deben ser tenidos en cuenta, ya sea por obsoletos o simplemente, por inexistentes. Así, el humano no debe ejercer jerarquización sobre otro individuo de diferente especie a la suya y, como consecuencia, no debe tratar de ocupar el puesto de líder ante su perro.

Como ustedes saben, especular es muy fácil ya que lo realmente difícil es demostrar que la hipótesis con la que se especula puede probarse y convertirse en tesis. Desgraciadamente, estas teorías no se demuestran pero calan en algunas personas amantes de los perros provocando una relación complicada, cuando no peligrosa, para ambas especies.

Les doy la razón en que nosotros no somos de su especie por lo que resulta banal tratar de convencer a nuestro perro de que nosotros somos un colega de la misma camada. Nada más peligroso, ya que el animal puede llegar a disputar ese puesto de escalafón en el que los inventores de estas teorías, no creen.

Como no trato en absoluto de convencer a quienes las mantienen ni siquiera a los que se las creen, expondré estos conceptos para que el lector juzgue y elija el camino que crea oportuno cara a la relación con su perro.

Una definición evolutiva del concepto de gregarismo podría ser la tendencia que tienen determinadas especies a vivir juntos optimizando, de esa forma, sus factores de supervivencia y reproducción.

El gregarismo, por tanto, es una conducta que favorece sobre todo al instinto de supervivencia y la pérdida por expulsión del grupo supone, para el animal, una baja considerable en su tasa de aptitud que puede llevarlo incluso, a su desaparición como individuo.

El perro y nosotros somos especie gregaria y eso ni siquiera los inventores de nuevas teorías pueden negarlo. El hombre es una bestia intensamente social y al mismo tiempo fuertemente competitiva, egoísta y en busca de su mejora evolutiva (Barash, 1979)

¿Quizás el perro no participa de nuestros anhelos evolutivos? Por descarte; sí.

Nos encontramos, en este punto, con que el hombre trata de optimizar su tasa de aptitud, satisfaciendo los instintos de supervivencia y reproducción, de la mejor forma posible y por supuesto la mejor es la de vivir en grupo. Cuando hablamos de hominización damos por cierto que el grupo ha sido, es y lo seguirá siendo, una extraordinaria forma de protegerse contra los depredadores y obtener recurso. Quizás ahora no nos devoren los leones pero si lo hacen pequeños bichos como bacterias o virus. El recurso se ha convertido en dinero que nos permite acceder a nuestra alimentación, comodidad y reproducción……¿Y el perro? ¡Pues también! Cambia su cacería por el saco de pienso y la protección de sus depredadores por la mano del veterinario. De monógamo lo hemos convertido en poliginándrico o promiscuo pero, de una u otra forma, también mantenemos en lo posible su éxito reproductor.

Llegamos a la conclusión lógica y probada de que ambas especies somos gregarias, de que las dos sentimos cierta debilidad por convivir con la otra y de que, queramos o no, formamos grupos duraderos e inter específicos.

El concepto de jerarquía implica un escalafón entre los miembros de una manada o grupo. El mando absoluto lo ostenta un macho que normalmente es el que más batallas ha librado y mejores resultados ha obtenido. Lo secunda una hembra, subordinada al macho, pero que ostenta el segundo grado en el escalafón, es decir, en el caso de los lobos, sólo puede ser montada por el Dominante. Después de estos dos “patriarcas” la jerarquía se completa con los machos y hembras subordinados quienes al paso del tiempo, se convertirán a su vez, en dominantes bien por la disputa y victoria sobre el Jefe o por la muerte de éste.

El concepto de jerarquía está íntimamente ligado al de escalafón, tanto en animales como en nuestra especie. Cualquier grupo social se estructura en capas o sustratos más o menos dominantes, desde un ejército bien constituido hasta una empresa y no pensemos que en los partidos políticos o gobiernos de turno, falta esta estructuración jerárquica.

Pues bien, para mantener esa estructura se necesita, como es lógico, la existencia de individuos dominantes y la de subordinados. Para establecer esas jerarquías es necesario pelear o simplemente exhibirse sin llegar a las últimas consecuencias. Entre los perros, como entre las demás especies gregarias, se puede incluso tipificar ese escalafón. Cuando queremos saber el grado de dominancia de un individuo dentro del grupo o la magnitud de la diferencia de grados de cada uno de ellos, utilizamos la tasa de dominancia, calculada para cada individuo como el número total de veces que gana enfrentamientos, dividido por el número de ellos en los que se ha visto implicado con los distintos miembros del grupo (Arcese & Ludwig, 1986)

La presencia de individuos dominantes entronca directamente con el concepto darviniano de supervivencia del más apto que, como ustedes saben, es una sencilla definición de la selección natural. Podrían decirme ahora que nuestro perro no está sujeto a esa selección sino a la artificial y que, en su forma actual, ya no existe ninguna de las características de grupo expuestas anteriormente. Pues bien, el Canis familiaris solo lleva 16.000 años alejado de su forma salvaje y si los inventores de estas teorías tuviesen claro el concepto de evolución biológica, sabrían que ese pequeño lapsus de tiempo es sólo “un suspiro” en ella. No ha tenido tiempo de olvidarse de su jerarquía, de su manada ni del individuo que la lidera.

Nosotros, en unos pocos millones de años, tampoco lo hemos olvidado y si estos teóricos siguen sin creer en estos conceptos, les propongo que se miren al espejo mientras se afeitan o acicalan y se convenzan de que, en el trabajo que van a desarrollar para acceder a su recurso, no le está esperando el dominante para jerarquizar al grupo que, como él, depende del líder de turno.

Antonio Pozuelos Jiménez de Cisneros

SEDIT

Anuncios

1 Response to “GREGARISMO,JERARQUÍA Y DOMINIO. (Etología)”


  1. 1 Eydaimon
    mayo 7, 2010 en 5:18 pm

    Saludos.

    Puesto que este articulo aparece en el apartado de opinión, nada hay que objetar sobre ello. Todas las opiniones son dignas de respeto, en cuanto que opiniones.

    Sin embargo, se hace necesario recordar algunas cosas:

    La evolución natural no tiene ningún propósito ni finalidad. No es un camino de “mejora” ni de “selección de los mejores”. Estas ideas son simplemente, erróneas.

    Llamamos evolución al conjunto de cambios que se producen como consecuencia de la selección natural; y la selección natural no es sino la selección de aquellos genes que proporcionan un comportamiento más adecuado al entorno natural en el que se vive.

    Por tanto la interacción genes-entorno es la clave. ¿Que determina en mayor grado nuestra naturaleza: el mundo exterior o la información genética?. Esta también es una pregunta irrelevante: si no fuera porque los genes nos proporcionan un cierto tipo de cerebro, el entorno no tendría ningún efecto trascendente. De la misma manera se puede decir que los genes, por sí solos, no condicionan nada. Los seres humanos no son artefactos mecánicos, que están en el mundo sin procesar ningún tipo de información. Lo que los genes nos proporcionan es la capacidad de reaccionar de forma inteligente a nuestro entorno en formas particulares. Cuando se habla de conciencia se está hablando de nuestra capacidad particular de interferir sobre nuestros instintos desde el plano de la razón.

    Hace unos 40 a 50.000 años aparecen las primeras muestras de nuestra capacidad metafórica y de conducta centrada en símbolos. (esto no significa que podamos atribuir la consecución de las capacidades cognitivas modernas a una simple culminación de un desarrollo positivo progresivo del cerebro. Nuestro cerebro está equipado desde ni se sabe cuando con potenciales que pueden adaptarse, en las circunstancias apropiadas y ser aplicados a funciones no probadas hasta entonces). En el horizonte de los 50.000 años atrás se produce el cambio que acabaría llevando a los cazadores-recolectores a convertirse en agricultores y creadores de ciudades. Pero para que esto pueda ocurrir, para que pueda darse cualquier tipo de sociedad, cualquier paso en esa dirección, es indispensable la colaboración entre los individuos.

    De hecho, desde el principio, la historia de la vida sobre la tierra no hubiera sido posible, sin la colaboración en diferentes grados, entre individuos de las mismas o diferentes especies.

    Si alguien se empeñara en desalojar de su cuerpo todo organismo que le sea ajeno, entre otros muchos problemas, moriría de inanición, dado que la flora intestinal que nos permite alimentarnos, es una colección de microorganismos que colaboran con nosotros. De hecho, nosotros mismos somos un ejemplo más de colaboración entre microorganismos.

    Hay mucha gente a la que le sigue gustando la visión cínica que requiere que los humanos sean exclusivamente egoístas, violentos y competitivos; sin embargo, la mayoría de biólogos evolucionistas creen, por ejemplo, que el altruismo surgió por evolución en los seres humanos, simplemente porque se obtienen mejores resultados con la colaboración que con un comportamiento egoísta. Por tanto la evolución también puede verse como la fuente del sentido moral y de las tendencias sociales positivas: la capacidad de amar, las emociones como la simpatía, la gratitud, la lealtad…todas estas emociones positivas son productos de la evolución, y se han desarrollado junto con aspectos negativos de nuestra naturaleza.

    Si situamos los 16.000 años mencionados en este artículo, como origen de la domesticación del lobo, frente a los 50.000 años, fecha aproximada de comienzo para lo que somos, no veo que podamos hablar de un “soplo” a escala evolutiva, como se menciona en el artículo.

    Por otra parte, desde siempre, el lobo ha sido uno de nuestros temores ancestrales más terribles. Todavía hoy sigue persiguiéndonos en nuestros sueños y cuando un grupo quiere hacer gala de una violencia extrema e inhumana (recuerden ustedes la imaginería nazi, por ejemplo), suele emplearlo como emblema que produce terror. El lobo es a quien temían aquellos antepasados cazadores y mataban para sobrevivir. Ante esta evidencia, ¿Cómo pudo ser, cómo llegamos a admitir a quien temíamos, a nuestro enemigo, en nuestras moradas y permitieron nuestros ancestros a sus hijos (víctimas preferidas del lobo) convivir con él?.

    Y ¿cómo es posible que el lobo, el cazador que husmeaba a aquellas presas (los hombres y, sobre todo sus cachorros, son fáciles de sorprender y carecen de las defensas de otros animales como piel fuerte, colmillos, cuernos o garras afiladas, potencia muscular o velocidad para la huída), haya decidido que prefiere el confinamiento y las ligaduras antes que la libertad de gobernar su territorio, o haya decidido que es aceptable alimentarse de las sobras de los hombres, en lugar de consumir carne fresca, de seguir cazándolos como hasta entonces. ¿Porqué soporta un macho que le digan cuando y con quien puede aparearse, cuando en libertad es dueño de todas las hembras que pueda ganar en la pelea con otros machos?

    ¿Cómo se llega al estado en que el lobo llega a sacrificar su vida en defensa de sus “dueños” humanos, contento y moviendo la cola con alegría tan sólo a cambio de huesos mondos y de caricias en el lomo?.

    Se ha pretendido argumentar que, a base de privaciones y golpes se puede doblegar el espíritu del lobo…¿Y esto le convertirá en un amigo fiel?. ¿Conseguirán los golpes algo más que un animal temeroso y que tratará de huir a la menor oportunidad, lejos de defender con coraje o ser amigo fiel de quien le golpea y amedrenta?. No creo posible que se pueda cambiar ni la genética ni el ambiente con un garrote en la mano.

    Contemplado el panorama con esta visión, es claro que algo falla. Tal vez haya que hacer una relectura más sosegada de aquello que creemos que sabemos. Resulta bastante evidente que, si tratamos de domesticar por las buenas a un animal cimarrón y con un instinto agresivo bien desarrollado, como es el lobo y que nos considera su presa, parte de su sustento, el balance de esta operación resultará más que dudoso para alguna de las dos partes. Es necesario que pueda existir un punto de aproximación, un lugar común a partir del cual se puedan construir las circunstancias necesarias y, que este artículo no pone sobre la mesa. Porque, sin embargo, hemos sido capaces de convivir ambas especies y de colaborar entre nosotros.

    No es este el lugar para desarrollar en profundidad y con el rigor necesario un seminario sobre etología ni humana ni animal, (ni tampoco la cuestión es aburrirles con abultadas citas y demostraciones sesudas). Lo que si les sugiero es que sean críticos con la información que les llega, que no se conformen con digerir cualquier cosa sin más. Mantengan ustedes un pensamiento independiente y traten de acercarse a lecturas sobre los trabajos de los verdaderos especialistas en la materia, siempre vigilantes ante la posibilidad de confundir sus propios deseos con explicaciones válidas.

    Nuestro cerebro es un conjunto de máquinas procesadoras de información que fueron diseñadas por selección natural para solucionar los problemas adaptativos a los que se enfrentaron nuestros ancestros cazadores-recolectores. Este sistema de maquinaria computacional es la base de nuestras aptitudes naturales; en ella radica nuestra habilidad para ver, para hablar, para enamorarnos, para temer las enfermedades, para orientarnos, entre otros muchos rasgos instintivos que solemos obviar o que, simplemente, asociamos a conceptos como la razón o la cultura, sin olvidar que la cultura no es algo que nos sea ajeno: es un producto elaborado por nosotros, al igual que la representación del mundo, algo que no existe fuera de nuestros cerebros. Este conjunto de máquinas procesadoras no posee un “amo” que lo gobierne ni un tirano en su interior que dicte órdenes. Cualquier decisión que toma un cerebro es el resultado cooperativo de todos los sistemas que intervienen en cada paso que conduce al consenso sobre la decisión que finalmente tomamos. Nuestra conciencia, nuestro yo, es el resultado de esa integración de sistemas. Tenemos sobradas pruebas tanto de ello como de su base biológica. Por esto, cuando alguno de los sistemas sufre un desorden o falla, nos encontramos con cambios sorprendentes en el sujeto. Tres décadas de progreso en neurociencia, biología evolutiva y psicología cognitiva nos ofrecen las herramientas para conocer nuestro cerebro. La convergencia de estas tres disciplinas proporciona una nueva forma de entender la psicología: se trata de una nueva forma de analizar el cerebro, la mente y el comportamiento con mayor profundidad que nunca antes.

    Entre otras muchas que se pueden mencionar, acerca de la naturaleza de los seres humanos y el modo en que se relacionan socialmente entre si, estas razones hacen que sean muy complejas y difícilmente simplificables a la escala a la que pretende este artículo aquí publicado. Desde luego, la explicación que aporta, en caso de ser algo, sería una parte poco sustancial de la explicación real completa. Como he dicho antes, no es este el lugar para seminarios, busquen ustedes la información necesaria, comparen lo que creen que saben con lo que pueden descubrir y fórmense su opinión.

    A título de curiosidad, les dejo la referencia de un libro que puede serles de utilidad a la hora de contrastar con el pensamiento que se deja traslucir entre las líneas de este artículo que estoy comentando: “Snakes in suits. When Psicopaths Go To Work” (“serpientes con traje y corbata, cuando los psicópatas van a trabajar”. Lo lamento, yo tengo la versión en inglés, supongo que debe existir traducción castellana), de Robert Hare, uno de los mejores expertos en el tema. Otro título suyo, que puede servirles puede ser “Sin conciencia: el inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean” (ed. Paidós 2003).

    Piensen en ello, mientras se afeitan, antes de ir al trabajo…y, por favor, no traten de convencerse de nada, analicen la información. Es preferible caminar con una duda que con un mal axioma.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


enero 2009
L M X J V S D
« Dic   Feb »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

Comentarios recientes

Blog Stats

  • 96,769 hits

Top Clicks

  • Ninguna

A %d blogueros les gusta esto: