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darwinismo social

“El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto… La rosa American Beauty sólo puede alcanzar el máximo de su hermosura y el perfume que nos encantan, si sacrificamos otros capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una tendencia malsana del mundo de los negocios. Es, meramente, el resultado de una combinación de una ley de la naturaleza con una ley de Dios”

John D. Rockefeller

El darwinismo social es una teoría social inspirada en la teoría biológica de la selección natural de Charles Darwin, pero trasladada a los fenómenos sociales de la humanidad. El principal postulante de la teoría del darwinismo social fue Herbert Spencer, contemporáneo de Darwin, quien interpretó la selección natural, la “Supervivencia del más apto” sugiriendo que las características innatas o heredadas tienen una influencia mucho mayor que la educación o las características adquiridas.

La ideología que se desprende de esta visión de la sociedad se encuentra a lo largo de la historia íntimamente relacionada con posturas sexistas, racistas y etnocéntricas. Situaciones de injusticia social, tales como la falta de derechos igualitarios entre mujeres y hombres, o entre clases sociales o etnias diferentes.

En el Satanismo, especialmente en el Satanismo Laveyano, el Darwinismo social no se dirige hacia estas injustas desigualdades entre sexos o etnias, fobias que no compartimos; sino hacia el individualismo. No se cree en igualitarismos sino en la supremacía del más apto.

Benditos sean los fuertes porque ellos poseerán la tierra…

Benditos sean los poderosos porque ellos serán reverenciados…

(Ver la Biblia Satánica; capítulo V del Libro de Satán)

El individuo que es “superior”, independientemente de su raza o condición, destacará por estas circunstancias innatas sobre el rebaño, remarcando así una cosa obvia, que no somos iguales.

La discriminación racial, étnica o sexista nos resulta contraproducente, pues puede llevar a individuos inútiles, incapaces si se prefiere, a ocupar puestos de importancia únicamente por ser de determinada raza o sexo, proporcionándoles un privilegio, un inmerecido estatus y una ventaja social sobre otros individuos que son a todas luces más capaces que ellos.

La discriminación en cambio de estos individuos incapaces deja el camino abierto hacia un elitismo basado en los meritos propios de la persona. Donde los individuos más brillantes, más fuertes o mejor adaptados a su hábitat ocuparán los mencionados puestos de importancia.

ADRACUL

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2 Responses to “darwinismo social”


  1. 1 adracul
    febrero 22, 2009 en 7:04 pm

    Gran parte de la filosofía Satanista parece inclinada hacia la autarquía, no hacia la democracia.
    Elitismo. Darwinismo Social. La naturaleza animal del hombre, como un animal evolucionado, los individuos más aptos ocupando una posición fuerte sobre los demás.

    Sin embargo, yo considero el individualismo como la característica más importante del Satanismo. Un régimen totalitario, sea de la ideología que sea, supone la imposición de esos individuos y sus ideas sobre las de todos los demás, lo cual me parece represivo y reñido con ese individualismo. Y una aparente contradicción si no se busca un camino más centrado. Por eso me inclino hacia la Democracia. La masa puede ser un rebaño sin mente, pero imponerles una mente no es a mi juicio el camino correcto.

  2. 2 Eydaimon
    febrero 26, 2010 en 8:25 am

    Saludos.

    Cualquier intento de crear teorías que busquen la justificación social o biológica necesaria para instaurar un sistema de “castas” o de privilegios en razón del nacimiento, la biología, la “raza”, la fuerza, la pertenencia a un grupo, u otros similares, es perverso en sí mismo. Estos intentos se han sucedido a lo largo de la historia de la humanidad y siempre con idénticos propósitos y dolorosos resultados.

    En los inicios del siglo XIX Las alegrías de la naciente economía política, propiciaron que se proclamase la naturalidad de la economía capitalista, y como ideal, la libre competencia en el mercado como el sistema que mejor expresaba la naturaleza humana. Esta idealización de los deseos de los privilegiados, se entronizó como realidad de las relaciones humanas, para ser usada políticamente como justificación a la no intervención frente a las desigualdades y, también como coartada para la imposición, por la violencia, del diseño colonialista.

    Ante las voces críticas, se presentó la necesidad de dotar de fundamentos “científicos” estas ideas. Esto llevó a Spencer a formular un modelo teórico conocido como Darwinismo Social, que pudiera servir de base a estas posturas. Un modelo teórico que sostenía que la eliminación de los individuos ineptos dentro de la sociedad, mediante la “selección natural”, beneficiaria biológicamente a la raza y que el Estado no debía hacer nada por aliviar la situación de los pobres, a los que consideraba como los menos aptos (…”la pobreza es signo de estupidez…”).

    Alguna de las derivaciones de esta interpretación interesadamente sesgada del modelo de Darwin para la evolución, son las consecuencias genocidas y etnocidas de la expansión colonial. Dando por sentado “científicamente” que debía resultar natural (para Herbert Spencer y sus acólitos) que se librase una lucha por la existencia en la que sólo perdurarían los pueblos y los sectores de la sociedad mejor dotados y, por ello más capaces por sí mismos de sobrevivir (los biológicamente superiores). Al hilo de esto, se fue imponiendo una opinión en la cual “…los pobres eran pobres porque eran biológicamente inferiores, los negros eran esclavos como resultado de una selección natural que ya les había asignado un lugar adecuado para ellos”.

    En esencia, el nazismo, no es otra cosa que otra absurda distorsión de la teoría de Darwin, que trata de extrapolar la idea de competencia a la de guerra entre “razas” humanas y naciones utilizando como argumento un supuesto “derecho biológico” del más fuerte. El nazismo niega a la razón, la cooperación y la división del trabajo su papel como principales herramientas en la construcción de la sociedad. Ignora deliberadamente que la optimización del empleo de la razón y la cooperación no conducen a la guerra, sino a lo opuesto: a la intensificación de la comunalidad de intercambios a todas las escalas, como observan los científicos sociales.

    Spencer formuló su “ley de la supervivencia de las unidades individuales” sin preocuparse por la inconsistencia de su analogía organicista evolutiva con la total autonomía asignada al componente individual. Esta contradicción insalvable es precisamente lo que permitió a Spencer conciliar el biologismo básico de su teoría con la inclinación abiertamente individualista de la sociedad inglesa a mediados del siglo XIX (ya que de otro modo toda su doctrina habría sido rechazada).

    Por otra parte, el darwinismo social constituye una teoría estrictamente metafísica, al no resultar refutable, como observaría Karl Popper. A Spencer no pareció importarle que su evolucionismo estrictamente biológico y su ley de supervivencia individual resultasen contradictorios. De lo que se trataba era de situarse en las antípodas del pensamiento de Hegel, según el cual la sociedad civil (sede de la iniciativa individual) es la fundadora (y fundada a su vez), por el Estado nacional. Pero Hegel razonaba en términos de causalidad dialéctica, lo que le permitía contemplar múltiples formas de retroacción (y esto fue lo que convirtió su pensamiento en la lengua franca de los teóricos continentales del siglo XIX).
    Spencer no disponía de instrumentos de tal refinamiento. Lo que si sabía es que con su pirueta en el vacío se situaba fuera del alcance de todo holismo sociológico (como el que propondría más adelante Durkheim en sus Reglas del método sociológico).

    Estas ideas y juicios sin base han seguido latentes en ideologías, posturas políticas y en postulados sociales teóricos emitidos por modernos epígonos que tratan de resucitar (esperemos que sin éxito) ideas ya expuestas, tales como la bendición o legitimación tanto biológica como social a la que creen ser acreedores por naturaleza, aquellos que se tengan por mas aptos o fuertes.

    Tan sólo recordar a aquellos interesados en el tema que toda cuestión social es siempre una cuestión que requiere transversalidad en cuanto a conocimientos necesarios para enfrentarla y que el escepticismo es un buen aliado. Que no conviene dejarse seducir por aquello que resulta evidente por coincidir con nuestros deseos. El autoengaño es algo a tener presente siempre.


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